ALGUNAS CUESTIONES VINCULADAS CONSAN MARTIN QUE NO SON MUY CONOCIDAS

La estructura guerrera de un cuerpo móvil y pequeño, que formó San Martím, para liberar tres países, como Chile, Perú y Argentina de enorme extensión, solo pudo hacerse (debemos tener en cuenta a Uruguay y el sur del Brasil) Que necesita estar muy controlado. Y tanto territorio, con un ejército pequeño, pero que cuente con un cuidado y muy trabajado equipo de espionaje. Sobre el armado de espionaje se comenta poco, por hablar de un presunto, aburrido hombre. Puede ser que se detuvieron un poco en algúnnoviazgo Inteligencia militar En el ámbito militar se llama inteligencia al producto resultante del procesamiento de información relativa a naciones extranjeras, fuerzas o elementos hostiles o potencialmente hostiles o áreas de operaciones reales o potenciales. Fuente: Wikipedia Diccionario panhispánico del español jurídico https://dpej.rae.es Definición de espionaje militar 1. Mil. Delito que comete el extranjero que, en tiempo de guerra, se procura, difunde, falsea o inutiliza información clasificada o de interés militar . Igual ocurre con el desconocimiento que existe sobre la división en dos del regimiento de Granaderos a Caballo, vinculada con Brasil. 212 años de la creación del Regimiento de Granaderos a Caballo Sábado 16 de marzo de 2024 Cada 16 de marzo se conmemora la creación del Regimiento de Granaderos a Caballo, por el General José de San Martín en 1812. Este día marca el surgimiento de un símbolo de valor, honor, disciplina y patriotismo. El General San Martín comprendió que la lucha por la libertad requería más que habilidades militares; necesitaba hombres imbuidos de un profundo amor por la patria y un sentido inquebrantable del deber. Por eso, no solo entrenó a sus soldados para el combate, sino que también cultivó en ellos los valores que serían la columna vertebral de su ejército. Desde el épico Combate de San Lorenzo en 1813 (el bautismo de fuego), el Cruce de los Andes (1817), hasta la decisiva batalla de Ayacucho en 1824, los Granaderos a Caballo estuvieron en el frente de cada escenario de la lucha por la libertad y la defensa de la patria. Participaron en innumerables campañas y acciones de guerra, acumulando un impresionante récord de 22 condecoraciones en apenas una década. En 1909, durante la presidencia del Doctor Figueroa Alcorta, se le confiere la misión de ser Escolta Presidencial, y se construye un cuartel especialmente para los granaderos sobre la Barranca del Plata, en una variante del Art Nouveau francés. Actualmente, el Regimiento está formado por cuatro escuadrones montados: Riobamba, Junín, San Lorenzo y Maypo. Son los que habitualmente se ven en los desfiles, escoltas y paradas militares. Se lucen en sus caballos alazanes y criollos, evocando a aquellos valientes que hace más de 200 años cruzaron los Andes para liberar a medio continente. Los escuadrones a pie, Chacabuco y Ayacucho, tienen la misión de proporcionar seguridad a la máxima investidura del Poder Ejecutivo Nacional, tanto en la Casa de Gobierno como en la Residencia de Olivos. Entre las funciones que realiza el Escuadrón Ayacucho, se encuentra la seguridad presidencial en Casa de Gobierno, la custodia de los restos del Libertador en el mausoleo en la Catedral Metropolitana, el izamiento y arrío de la Bandera Oficial de la Nación en la Plaza de Mayo y la participación en todos los actos de ceremonial que se realizan en la Casa Rosada y en la Catedral. Además, este escuadrón tiene a cargo la custodia del Sable del Libertador en el Museo Histórico Nacional, ubicado en Parque Lezama. Por su parte, la Fanfarria Militar Alto Perú va montada en caballos tordillos y se caracteriza por poseer instrumentos de viento fabricados en bronce, y grandes timbales transportados en caballos robustos. También existe un Destacamento de Granaderos en la ciudad de Yapeyú que custodia el solar natal del Libertador, y otro en San Lorenzo, ciudad de Santa Fe, donde tuvo lugar el bautismo de fuego del Regimiento el 3 de febrero de 1813. Además, el Regimiento tiene la misión de custodiar la casa del Libertador en Boulogne-sur-Mer, Francia, donde pasó sus últimos años de vida. En la actualidad se puede presenciar el cambio de guardia que todos los días realizan los granaderos de la Casa Rosada, y el izamiento y arrío de la bandera en la Plaza de Mayo. Hoy, en el Día del Granadero, honramos su valentía, su sacrificio y su eterno compromiso con la libertad y la patria. Revista de Concepción del Uruguay, Entre RíosRevista de Concepción del Uruguay, Entre Ríos Interés General Cultura Educación Historia El regreso de los Granaderos de San Martin La Ciudad 21/02/2025 6 Mins read 2.4k Views El 19 de febrero de 1826 los vecinos de la ciudad de Buenos Aires contemplaron con algo de asombro y un cierto toque de indiferencia a una caravana de carretas precedida por hombres de a caballo, que ingresaba a la ciudad de Buenos Aires. No era una tropa de reseros, no eran gauchos venidos desde alguna estancia, no eran comerciantes o proveedores de la pulpería. Había en ellos, a pesar de las ropas gastadas y polvorientas, a pesar de las barbas crecidas y el visible deterioro físico de algunos, una gallardía, una dignidad íntima, una cierta altivez en la mirada que provocaba inquietud y desconcierto. Pronto un rumor empezó a circular entre los vendedores ambulantes, los troperos de la plaza, algunos parroquianos de los bares de la zona, las chinas que marchaban con los atados de ropa para lavar en la costa. Esos hombres de mirada hosca, mal entrazados, eran, nada más y nada menos, los granaderos de San Martín que regresaban a su ciudad luego de catorce años de ausencia. En efecto, mil hombres del flamante cuerpo de granaderos marcharon en su momento a Mendoza para incorporarse al Ejército de los Andes. Desde ese momento el regimiento estuvo en todas y no faltó a ninguna. Peleó en Chile, Perú, Ecuador, Colombia y Bolivia. Ganaron y perdieron batallas, pelearon bajo los rayos del sol y en medio de tormentas y borrascas; no dieron ni pidieron cuartel. Mataron y murieron sin otra causa que la de la patria. De sus filas salieron generales, oficiales y soldados valientes. Bolívar, Sucre y Santander ponderaron su disciplina, su coraje, ese orgullo íntimo que exhibían por ser granaderos. San Martín, tan ajeno a los elogios fáciles, dijo de ellos: “De lo que mis granaderos son capaces de hacer, sólo yo lo sé; habrá quien los iguale, quien los supere, no”. Don José sabía de lo que hablaba. Pero regresemos al lunes 19 de febrero de 1826. Hacía calor en Buenos Aires, y cerca del mediodía no era mucha la gente que se paseaba por la zona de la Recova y la Plaza Mayor. A los rigores de la temperatura, se sumaban los avatares de la política. Bernardino de Rivadavia acababa de asumir la presidencia, un mandato otorgado por un Congreso que ya empezaba a ser impugnado por buenas y malas razones. Desde hacía unos meses, Brasil nos había declarado la guerra y, para escándalo de los ganaderos federales, el Congreso había iniciado el debate para capitalizar la ciudad de Buenos Aires. No, no eran buenos aires los que soplaban en el Río de la Plata en esa calurosa mañana. Los vientos de la guerra soplaban amenazantes. La guerra contra Brasil, pero también las guerras civiles. Ni el gobierno ni los opositores tenían ganas de recibir visitas inoportunas, visitas que recordaran tiempos viejos y al nombre de San Martín; un nombre incómodo para una ciudad que no le perdonaba no haber movilizado a las tropas en Chile para defender a Buenos Aires del ataque de las montoneras federales de López y Ramírez. La caravana llegó hasta la Plaza Mayor, los hombres ataron los fletes en los palenques y se protegieron de los rayos del sol bajo la sombra de la Recova. Nadie salió a recibirlos; no hubo ni ceremonias oficiales ni privadas. Nadie los esperaba y nadie parecía tener muchas ganas de hablar con ellos. Ellos tampoco se quejaron o levantaron la voz. Estaban acostumbrados a las ingratitudes. Repuestos del viaje, el “trompa” Miguel Chepoya hace sonar su trompeta -la misma que vibró en San Lorenzo- frente a la Pirámide de Mayo. Y allí descansaron los gerreros que volvían del Brasil y de haber sido comandados, por el General Alvear.

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